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No sé si se han fijado ustedes, pero últimamente parece que me encuentro todo tipo de anuncios bien en Internet o en la tele, e incluso en el campo de futbol, todo tipo de logos de distintos casinos y centros de apuestas online. Yo pensaba que era debido a mi interés por este tipo de asuntos, pero el otro día alguien que apenas conoce el mundo de las apuestas en Internet me lo comentó: ¿Oye, te has fijado que esto de las apuestas en Internet está hasta en la ensalada?
Pues sí. Es verdad, me he fijado y si nos vamos al caso que nos ocupa, el caso sueco, tengo que decir que también pasa mucho en ese país. El mundo del juego y las apuestas en Suecia ha experimentado un crecimiento más que notable en los últimos años, hasta el punto de que es casi imposible evadir la invasión de programas de póquer en televisión o de anuncios en periódicos sobre el juego online. La última novedad al respecto es un programa de televisión, cuya idea original es una copia de un programa en EEUU, en el que “famosos” asiduos a la prensa rosa juegan entre ellos al Texas Longhorn póquer.
Algunos expertos indican que este incremento puede deberse en parte al interés que ciertas empresas multinacionales han expresado por entrar en el mercado sueco del juego.
Para los que aún no lo saben, el estado sueco ha mantenido el monopolio sobre el mercado del juego desde 1943, sin haber sido cuestionado y sin competencia alguna. El argumento utilizado para justificarlo es que el juego debe regularse a través de autoridades competentes para controlar problemas de adicción. Además, como un bono, asegurarse de que el posible superávit se utilice para beneficio de todos, invirtiendo gran parte en subvención de asociaciones deportivas juveniles. Todo bien argumentado parece imposible decir que no.
Esto supone que cualquier tipo de juego legal en este país, desde la lotería, carreras de caballos o casinos, es propiedad del estado. Cuando se vio que compañías desde el extranjero querían meterse en su competencia es cuando se armó la gorda.
Sin embargo, ha esto hay que añadirle el hecho de que las compañías extranjeras, de forma muy inteligente, y para no violar ninguna ley, no se establecían físicamente en el país. Es decir, que estoy pero no estoy, si es que ustedes me entienden. Todo este embrollo tuvo que ser dirigido a la Comisión Europea, para que su comisario europeo de competencia pudiese tomar cartas en el asunto y dijera si se está incumpliendo la ley de libre comercio. Todo está en sus manos.